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Es famosa por sus finos tejidos y por la indescriptible belleza de sus amaneceres y puestas de sol, pero también por la laboriosidad de sus habitantes y por La férrea organización social que le ha permitido preservar su modo tradicional de vida a pesar de las cada vez mayores presiones del mundo moderno.
La isla de Taquile está situada en el Lago Titicaca, a 3808 metros sobre el nivel del mar, al este y a unos 36 kilómetros de la ciudad de Puno. Tiene 5.5 km de largo por 1.5 km. En su punto más ancho. Hasta la década de 1970 permaneció relativamente aislada, pero entonces fue descubierta por el turismo y ahora es uno de los destinos preferidos del departamento.
Quien desee visitarla debe tomar una lancha en Puno y luego de casi cuatro horas de viaje desembarcar en un rústico puerto y subir una alta y empinada escalera. En la cima, aguardan al viajero una espectacular vista del lago y una sencilla portada de piedra que le dan la bienvenida a una de las comunidades más singulares del Perú.
La primera mención escrita de Taquile se encuentra en un documento de 1580, cuando la isla le fue adjudicada al español Pedro Gonzáles. Desde entonces la propiedad pasó por diversas manos y sus habitantes trabajaron como colonos de esas haciendas. También la isla sirvió brevemente, en el siglo XX, como prisión, pero en 1937 sucedió un hecho singular. Los antiguos pobladores, que seguían empleando el quechua, empezaron a comprar parcelas de terreno y durante los siguientes treinta años lo continuaron haciendo, hasta que finalmente la isla, luego de casi cuatro siglos, volvió por completo a sus antiguos dueños.
Hoy Taquile es una comunidad que ha recuperado su autonomía y funciona otra vez como un todo organizado. Sus aproximadamente 1400 habitantes, antes dedicados exclusivamente a la agricultura y a la pesca, se han organizado para atender a los cada vez más numerosos turistas, y hoy son estos servicios y los finos tejidos elaborados con técnicas y materiales tradicionales los que ocupan a la mayoría de la población.
En Taquile no hay policía porque no se cometen delitos; tampoco vehículos porque los caminos son sólo peatonales, y la presencia de las autoridades estatales es casi invisible. Cuando se presentan problemas, éstos se solucionan en las asambleas de los domingos. También las costumbres consuetudinarias rigen otros aspectos de sus vidas: los matrimonios, las fiestas, los ritos agrícolas, el sistema de ayuda mutua. No obstante, los taquileños no son impermeables a los avances de la modernidad: cuentan con escuelas, emplean lanchas a motor, panales fotovoltaicos para generar electricidad y últimamente es posible hacer llamadas telefónicas desde la isla.
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