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El Q'ajelo.
El carabotas, personaje principal de esta danza, es -según el poeta Dante Naval- "el makta fuerte que viste de vicuña", jinete del Altiplano, domador de potros salvajes, por quien esperan las imillas -muchachas del campo- ser raptadas, pues las enlazará con su zurriago (fuete) de cuero y se las llevará hasta la cordillera. Éste es el cuadro costumbrista que escenifica la danza del Q'ajelo, para la que el Carabotas lleva doble poncho de vicuña, cruzado en el pecho, altas rozaderas de cuero sobre los pantalones, un puñal en la pantorrilla y su charango a la cintura, chullo, sombrero y una gruesa bufanda. La mujer viste el atuendo de las mujeres de la puna alta, hecha de lana de oveja.
El Sikuri.
El siku, zampoña o antara es uno de los instrumentos musicales más antiguos del Altiplano. Es de la zona aymará. Está formado por varios tubos compuestos por dos partes. Según la manera ancestral de ejecutar el siku, cada parte de la melodía debe ser tocada por un intérprete diferente. Así tenemos dos juegos de tubos que se complementan entre sí y forman un solo instrumento tocado por dos personas, que es lo que define su espíritu colectivista.
La tradición dice que una parte es llamada Ira, que significa 'el que guía', y la otra, Arka, que significa 'el que sigue'; por eso el siku se toca siempre en grandes grupos conformado por parejas arka e ira. En toda tropa de sikuris, o 'tocadores de sikus', uno o más músicos pueden tocar al mismo tiempo unos grandes bombos llamados wankaras, que son de sonido muy poderoso.
Los grupos pueden usar diferentes tamaños de instrumentos, los cuales producen variadas voces y representan a los miembros de una familia: padres, hijos, bebés, etc. Muchas de estas "familias" conforman la totalidad de una comunidad. La banda completa se llama "tropa de sikuris", y en cada tropa los músicos tocan y danzan a la vez, girando en un círculo, ya sea en dirección horaria o antihoraria, según las frases de las melodías.
Desde el Altiplano, el siku se extendió, primero a todo el sur del país y después llegó hasta la capital, conquistando sus calles y sus plazas y arrastrando tras de sí a enfervorizados bailarines de todas las edades y todas las razas.
Cerrito de Huajsapata.
Una de las canciones más representativas del Altiplano, el verdadero "Segundo himno de Puno", como se le ha llamado, es este Huayño.
La Diablada.
Se puede considerar a la Diablada como una de las danzas más deslumbrantes, espectaculares y extrovertidas del altiplano. Según el doctor Enrique Cuentas Ormachea, estudioso y cultor del folklore puneño, "es una danza mestiza, urbana, mágico-religiosa y mimética" que se baila para adorar a la Virgen del Socavón, más conocidas como Virgen de la Candelaria.
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